miércoles, 3 de abril de 2013

Los cuentos de Nikacanika


Los audiolibros son, como bien dice la palabra, los libros contados por personas; muchas veces de manera profesional y bien contados, con una música suave de fondo, algunos que otros efectos para darle más realismo a la narración.
Ayer por la noche, navegando por esta gran red, encontré un blog que hace eso. Sinceramente no conocía ningún blog que hiciera esto, y las veces que he querido escuchar audilibros se me ha dificultado, porque no son muy populares, esa es la razón. Como decía  ayer encontré un blog que se dedica a contar cuentos, se pueden hacer de manera online, y al ser cuentos son relativamente cortos. Nikacanika es la autora del blog y  nos deleita con su biblioteca personal o de aquellos que ha escuchado por ahí y nos hace pasar un buen rato.

(Gracias Lau, se me olvidó poner el enlace al blog)
Aquí su blog: Los cuentos de Nikacanika

Literatura infantil y materialismo dialéctico




Había una vez una bella joven que, después de quedarse huérfana de padre y madre, tuvo que vivir con su madrastra y las dos hijas que tenía ésta.
Las tres mujeres eran tan de derecha y burguesas que explotaban a la bella joven. Era ella quien hacía todo el trabajo más duro de la casa. Además de cocinar, fregar, etc, ella también tenía que cortar leña, encender la chimenea y encargarse de los caprichos de las hijas de la madrastra.

Por cuidar la prole de su madrastra y llamarse Taria, la gente la conocía como la Prole Taria. Un día se oía por todas partes de la ciudad que el príncipe de aquel país había regresado.

El rey, muy contento, iba a dar una gran fiesta a la que iba a invitar a todas las jóvenes del reino, con la esperanza de que el príncipe encontrara en una de ellas, la esposa que deseaba.
En la casa de Prole Taria, sus hermanastras empezaban a prepararse para la gran fiesta. Y decían a Prole Taria:
- Tú, no irás. Te quedarás limpiando la casa y preparando la cena para cuando volvamos.
El día del baile había llegado. Prole Taria vio partir a sus hermanastras al Palacio Real y se puso a llorar porque se sentía muy triste, sola, pobre, explotada, miserable, sucia, asquerosa, detestable, etc. Pero, de pronto, se le apareció un Hada  con un parecido asombroso a Karl Marx que le dijo:
- Querida niña, sécate tus lágrimas porque tú también irás al baile.
Y le dijo Prole Taria:
- Pero, ¿cómo?, si no tengo vestido ni zapatos, ni carruaje para llevarme?
Y el hada, con su varita mágica, transformó una calabaza en carruaje, unos ratoncillos en preciosos caballos, y a Prole Taria en una maravillosa joven burguesa que mas se parecía a una princesa.
Y le avisó:
- Tú irás al baile, pero con una condición: cuando el reloj del Palacio dé las doce campanadas, tendrás que volver enseguida porque el hechizo burgués se acabará.
Hermosa y feliz, Prole Taria llegó al Palacio. Y cuando entró al salón de baile, todos se pararon para mirarla. El príncipe se quedó enamorado de su belleza y bailó con ella toda la noche.
Pero, al cabo de algunas horas, el reloj del Palacio empezó a sonar y Prole Taria se despidió del príncipe, cruzó el salón, bajó la escalinata y entró en el carruaje en dirección a su casa.
Con las prisas, ella perdió uno de sus zapatos de cristal que el príncipe recogió sin entender nada.
Al día siguiente, el príncipe ordenó a los guardias que encontraran a la señorita que pudiera calzar el zapato. Los guardias recorrieron todo el reino.
Todas las doncellas se probaron el zapato pero a nadie le sirvió. Al fin llegaron a la casa de Prole Taria, que como todos sabemos no era su casa sino que allí era una esclava de esas tres malvadas que evitaban a toda costa que obtenga la plusvalía que tanto merecía. Y cuando ésta se lo puso todos vieron que le quedaba perfecto.
Y fue así cómo Prole Taria volvió a encontrarse con el príncipe, se casaron, y vivieron muy felices disfrutando del consumismo y el capitalismo salvaje en un enorme palacio con 150 habitaciones para solo dos personas. Prole Taria ordenó la detención de su madrastra y sus hijas a quienes esclavizó de por vida para limpiar el palacio entero, cocinar, fregar, cortar la leña, encender las 23 chimeneas y hacerse cargo de toda su prole. 
FIN
Moraleja: Las manos se lavan una a la otra y las dos secan la cara.