jueves, 28 de junio de 2012

La mentira de las marcas verdes


Desde hace un tiempo, las empresas han tenido que dar una postura diferente sobre la ecología. Es verdad, que desde hace no mucho tiempo y en estos últimos años, las marcas han querido mostrase "más verdes" hacia el consumidor.

La verdad y la que todos sabemos es que estas marcas que pretenden mostrase como impulsoras y protectoras de la ecología son una pura mentira, que sólo lo hacen para estar a la moda y piensan que haciendo este tipo de publicidad engañosa van a vender más. Porque lo único que les interesa es vender haciéndose propaganda de que son más ecologistas que antes, que han cambiado para lograr un mundo más ecológico. Ahora bien, veamos... ¿cambiaron sus maquinarias de producir productos de manera que puedan mejorar el medio ambiente? ¿los empleados ahora andan en bicicleta? ¿y si andan en bicicleta, también los dueños? porque dar ejemplo seria desde arriba, no? y si andan en bicicleta, alguno ve más bicicletas en su ciudad. Lamentablemente, yo que si ando en bicicleta veo menos ciclistas por la ciudad y más motos y autos.
Sigamos con algunas otras preguntas... ¿el producto que vende es ecológico? porque algunas empresas petroleras son las que se escudan con ese lema "somos ecológicos" mientras se les derrama el petroleo en algún que otro mar. ¿A qué le llaman "somos ecológicos" las empresas"? por que poner en el packaging de su producto un loguito verde que diga "green" no ayuda en nada. Ahorrar en papel y hacerse llamar más ecologistas no es verdad... vamos, nosotros sabemos que lo hacen sólo para ahorrar dinero; eso no es justo que digan eso las empresas y hacerse vender porque reducen en papel de packaging o en tintas o alguna otra cosa; a veces me dan risa.

Acá en Argentina la tendencia ecológica, todavía no está del todo bien implementada; quizás porque en Latinoamérica siempre las cosas llegan más tarde (o por alguna otra razón), pero el hecho es real; son pocas las empresas que se animan a vender algo poniendo un "slogan verde" porque todavía el mercado no lo acepta y arriesgarse a vender algo "verde" y perder dinero no es política de la empresa. Entonces con esta política empresarial de "vender verde y perder dinero" se concluye en que las empresas no son ecológicas. Otra de las posibles escusas de los empresarios que se pueden oir por los pasillos es decir "no, es mucha inversión y todavía no tenemos el personal capacitado, ni tampoco las maquinarias para hacerlo" entonces con esa frase podemos llegar a la conclusión anterior. Una de las principales trabas acá en Argentina es lo cultural, las empresas no nacieron ayer, sino que los dueños son personas con más de 40 años que piensan que el agua de casa no gasta nunca, y total como deja la luz prendida todo el día y él la paga no le importa porque "lo que consume lo paga y fin".

Por otro lado, las políticas medioambientales en los Gobiernos no están claras, hay algunos intentos que se han hecho pero la fuerza empresarial y el signo peso siempre hace que las cosas queden en la nada. Hay un ejemplo claro acá en Argentina que se impulsó con los focos de luz convencionales y se pasaron a los de bajo consumo, eso fue un gran cambio que hay que mencionar, ahora sólo se consiguen focos de bajo consumo por su eficiencia de larga duración y el poco consumo de watts que requiere para iluminar una casa.
Otro ejemplo que se dio, pero ya en el plano del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, es implementar las bicisendas por algunas calles, logrando algunos recorridos y prestando bicicletas por algunas horas. Esta iniciativa no tuvo el éxito que debería haber tenido, en primer lugar porque el Gobierno de la ciudad sólo lo hizo con el efecto de hacerse propaganda, en segundo sólo se prestaban las bicis a las personas de la ciudad y no a extranjeros que fácilmente la podrían usar para pasear; tercero, otra de las cosas es que se desgenero  y las bicisendas las usaban los motociclistas de manera que cometían una infracción, pero como no hay suficiente personas para multar a todos, siempre son más las motos que ganaban el juego "me arriesgo, de última una multa más" una mancha más al tigre hizo que se convirtiera en motosendas. Cuarto, la ciudad de Buenos Aires está minado de autos, motos, colectivos, taxis que les importa un carajo al ciclista y al peatón, por todo eso y más fundamentalmente por las ultimas dos la bicisenda se lo puede considerar un fracaso.

Volviendo al tema del hilo principal y ya para redondear esto, las verdaderas empresas ecológicas son aquellas que no salen a decir que son más ecologistas que la empresa vecina. Son las que no se publicitan y se lustran la chapa de ecologistas por simple acto en los medios. La carrera de las empresas medioambientales ya está en marcha y todavía no podemos decir que ya alguno esté ganando la punta.

Para finalizar y no ser demasiado extenso (es que cuando agarro el teclado y me enfoco en un tema, puedo hacerlo demasiado extenso y denso para el lector). Esta responsabilidad es social y no depende sólo de las empresas, sino también de un Gobierno con políticas fuertes sobre este tema, y una sociedad que se comprometa.


Mi blog de arte y diseño

domingo, 24 de junio de 2012

The Girl and the Fox





Un corto animado muy tierno para disfrutar. Los instintos animales muchas veces nos asombran.
Que tengan una buena semana.
Mi blog de arte y diseño

Compendio de Relatos

Los Sueños se hacen Realidad
 

Un gran Amigo y gran escritor: José Carlos López Martín conocido como @Costampla ha cumplido su sueño de ver publicado su primer Libro: Compendio de Relatos que ha ido desarrollando a lo largo de este tiempo, desde su Blog Compendio de Poética

Desde aquí hacemos partícipes a todos los amigos de la blogosfera del lanzamiento de Compendio de Relatos sabedores que disfrutarán de sus letras y sensibilidad.

A José Carlos nuestras más grandes felicitaciones y augurios de éxitos!!

Querido Amigo: Sí!! Los sueños se cumplen!!!

El Equipo de Emancipados DeMentes.

jueves, 21 de junio de 2012

RUIN - cortometraje




Este es un cortometraje animado con una ambientación futurista, post apocalíptica. Muy bien lograda con un escenario donde se muestra una sociedad casi acabada ya con pocos signos de sobrevivientes. La animación estuvo a cargo del estudio de animación OddBall en su sitio pueden ver otros cortometrajes.
RUIN es la primera animación de este estudio que al parecer ha comenzado con un pie derecho bastante fuerte y ha hecho bastante ruido en la red con este genial cortometraje sin diálogos pero con mucha acción en sólo 8 minutos y medio.

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domingo, 17 de junio de 2012

viernes, 8 de junio de 2012

La bruja de Abril


Hace muchos años, cuando era adolescente, una profesora de literatura me presentó a este maravilloso autor, que, aún perteneciendo a otra generación, cautivó mi imaginación. Me acabo de enterar que estará recorriendo esos míticos lugares con Abbot y Costello, o andará recogiendo doradas manzanas del sol, o tal vez, estará viviendo las crónicas marcianas en persona. 
Me permito compartir con ustedes, LA BRUJA DE ABRIL, un cuento que me encantó. 

En el aire, sobre los valles, bajo las estrellas, sobre un río, un estanque, un camino, volaba Cecy. Invisible como los nuevos vientos de la primavera, fragante como el aroma de los tréboles que se alzaba en los campos a la tarde, ella volaba. Se deslizaba en palomas suaves como el armiño blanco, se detenía en los árboles y vivía en los capullos, abriéndose en pétalos cuando soplaba la brisa. Se posaba en una rana verde, fresca como la menta, a orillas de un charco brillante. Trotaba en un perro zarzoso y ladraba para oír ecos que venían de graneros lejanos. Vivía en las nuevas hierbas de abril, en suaves y claros líquidos que se alzaban de la tierrade almizcle. Es primavera, pensaba Cecy. Esta noche estaré en todas las cosas vivas del mundo. Ahora vivía en grillos claros en los arroyos de alquitrán de los caminos, ahora caía como el rocío en una verja de hierro. Era la suya una mente que se adaptaba con rapidez, y volaba invisible en los vientos de Illinois esta noche única de su vida. Acababa de cumplir diecisiete años.—Quiero enamorarme —dijo. Lo había dicho a la hora de la cena. Y sus padres habían abierto los ojos y se habían reclinado tiesamente en sus sillas.—Cuidado —le habían aconsejado—. Recuerda que eres una criatura notable. Toda nuestra familia es rara y notable. No podemos mezclarnos o casarnos con gente ordinaria. Perderíamos nuestros poderes mágicos si lo hiciésemos. ¿No te gustaría no poder "viajar" por medios mágicos, no es verdad? Entonces, cuidado. ¡Cuidado! Pero en su alto dormitorio, Cecy se había perfumado la garganta, y se había tendido   temblorosa y aprensiva en su carruaje de cuatro caballos, como una luna de leche que se alza sobre los campos de Illinois, transformando los ríos en cremas y los caminos en platino.—Sí —suspiró—. Soy de una familia rara. Dormimos de día y volamos de noche como cometas negras en el viento. Si lo deseamos, podemos dormir en un topo durante el invierno, en la tibia tierra. Puedo vivir en cualquier cosa: un guijarro, una flor de azafrán, o una manta religiosa. Puedo abandonar mi cuerpo simple y huesudo y lanzar mi mente a la aventura. ¡Ahora! El viento la llevó sobre campos y praderas. Cecy vio las cálidas luces primaverales de mansiones y granjas que brillaban con colores crepusculares. Yo no puedo enamorarme porque soy sencilla y rara-, pero me enamoré por medio de alguna otra, pensó. En los campos de una granja, en la noche de primavera, una muchacha de pelo oscuro, de no más de diecinueve años, sacaba agua de un profundo pozo de piedra, y cantaba. Cecy cayó —una hoja verde— en el pozo. Se tendió en el tierno musgo del pozo, mirando hacia arriba en la sombría frescura. Luego se animó en una palpitante e invisible ameba. ¡Luego en una gota de agua! Al fin, en un tazón frío, se sintió llevada a los tibios labios de la muchacha. Se oyó un suave y nocturno sonido; la muchacha bebía. Cecy miró el mundo desde los ojos de la muchacha. Desde el interior de la oscura cabeza, desde los ojos brillantes, miró las manos que tiraban de la tosca cuerda. Escuchó a través de las orejas de caracol el mundo de la muchacha. Olió un particular universo por la delicada nariz, sintió que aquelcorazón especial baa y baa. Sint que aquella lengua extraña se moa cantando.

—¡Apártate! Ann le pateó las manos, pero Tom se rió otra vez, y desde kilómetros de distancia, Cecy le miró la forma de la cabeza, el tamaño del cráneo, la línea de la nariz, el ancho de los hombros, y la dura fuerza de las manos que hacían esa cosa delicada con el pañuelo. Asomándose a la secreta bohardilla de la encantadora cabeza, Cecy tiró de un oculto alambre de ventrílocuo, y la hermosa boca se abrió y dijo:—¡Gracias!—Oh, entonces eres cortés —dijo Tom. El olor de cuero de sus manos, el olor del caballo en sus ropas se elevaron hasta la tierna nariz, y Cecy, lejos, muy lejos, sobre prados nocturnos y campos florecidos, se movió como en sueños.—¡No! ¡No contigo! —dijo Ann.—Vamos, habla suavemente —dijo Cecy. Movió los dedos de Ann hacia la cabeza de Tom. Ann echó atrás la mano.—¡Me he vuelto loca!—Así es —asintió Tom, sonriendo, pero sorprendido—. ¿Ibas a tocarme entonces?—No sé. ¡Oh, vete! En las mejillas de Ann brillaban rosados carbones.—¿Por qué no corres? No te retengo. —Tom se incorporó—. ¿Has cambiado de parecer? ¿Irás al baile conmigo esta noche? Es un baile especial. Te diré por qué más tarde.—No —dijo Ann.—¡Sí! —gritó Cecy—-. Nunca bailé. Quiero bailar. Nunca llevé un largo vestidosusurrante. Quiero bailar toda la noche. No sé que es estar en una mujer, bailando. Papá y mamá nunca me lo permitirían. He conocido perros, gatos, langostas, hojas, todo lo que hay en el mundo en un tiempo o en otro, pero nunca una mujer en primavera, nunca en una noche como la de hoy. Oh, por favor ...debemosir a esebaile. Cecy extendió sus pensamientos como dedos dentro de un guante nuevo.—Sí —dijo Ann Leary—. Iré. No sé por qué, pero iré contigo al baile esta noche, Tom.—¡Ahora adentro, pronto! —gritó Cecy—. Debes lavarte, avisar a tu gente, preparar el vestido, calentar la plancha. ¡A tu cuarto!—Mamá —dijo Ann—, ¡he cambiado de parecer! El caballo de Tom galopó a lo largo de la cerca, los cuartos de la granja volvieron a la vida, el agua hirvió para un baño, la estufa de carbón calentó la plancha que plancharía el vestido, la madre corrió, corrió con una hilera de alfileres en la boca.—¿Qué te ha pasado, Ann? ¡Tom no te gusta! Ann se detuvo en medio de aquella gran fiebre.—Es cierto.
¡Pero es primavera! pensó Cecy.—Es primavera —dijo Ann. Y es una hermosa noche para bailar, pensó Cecy.—... para bailar —murmuró Ann Leary. La muchacha se metió en la bañera y la espuma le cubrió los blancos hombros de delfín, y el jabón hizo pequeños nidos bajo sus brazos, y la carne de sus pechos tibios se movió en sus manos, y Cecy movió la boca, modelando la sonrisa, guiando los movimientos de Ann. No podía permitirse una pausa, ni un titubeo, ¡o toda la pantomima se haría pedazos! Había que obligar a Ann Leary a moverse, a actuar, a lavarse aquí, a enjabonarse allá. Ahora, ¡afuera! ¡Sécate con una toalla! ¡Ahora perfume y polvo!—¡Tú! —Ann se vio en el espejo, toda blanca y rosada como lirios y claveles—.¿Quién eres esta noche?—Soy una muchacha de diecisiete años. —Cecy la miró desde los ojos violetas—.No puedes verme. ¿Sabes que estoy aquí? Ann Leary sacudió la cabeza.—Le he alquilado el cuerpo a alguna bruja de abril.—¡Cerca, muy cerca! —rió Cecy—. Bueno, ahora con tu vestido. ¡El placer de sentir una hermosa ropa sobre un gran cuerpo! Y luego el saludo afuera.—¡Ann! ¡Llegó Tom!—Dile que espere. —Ann se sentó de pronto—. Dile que no voy al baile.—¿Qué? —dijo su madre en la puerta. Cecy volvió rápidamente a su puesto. Había sido un descuido fatal, había dejado el cuerpo de Ann un fatal instante. Había oído el ruido lejano de los cascos del caballo y el carro que traqueteaba cruzando el campo primaveral iluminado por la luna. Durante un segundo había pensado: iré a buscar a Tom y me instalaré en su cabeza y veré qué es ser un hombre: de veintidós años en una noche como ésta. Y se había lanzado a cruzar rápidamente un campo de brezos. Regresó volando, como un pájaro a su jaula, y susurró y batió en la cabeza de Ann Leary.—¡Ann!—¡Dile que se vaya! Cecy se calmó y extendió sus pensamientos.—¡Ann! Pero Ann se había rebelado.—¡No, no, lo odio! No debía haberme ido, ni siquiera un momento. Cecy derramó su mente en las manos de la muchacha, en el corazón, en la cabeza, suavemente, suavemente.De pie, pensó Ann se incorporó.Ponte el abrigo.  Ann se puso el abrigo. Ahora, ¡en marcha! ¡No! pensó Ann Leary.¡En marcha!—Ann —dijo la madre—, no hagas esperar a Tom. Sal y déjate de tonterías. ¿Qué te pasa?—Nada, mamá. Buenas noches. Volveremos tarde. Ann y Cecy corrieron juntas hacia la noche de primavera. Una sala de palomas que bailaban suavemente rizando sus silenciosas y arrastradas plumas, una sala de pavos reales, una sala de ojos y luces de arco iris. Y en el centro, dando vueltas, y vueltas, y vueltas, bailaba Ann Leary.—Oh, es una hermosa noche —dijo Cecy.—Oh, es una hermosa noche —dijo Ann.—Estás rara.—dijo Tom.La música los hacía girar en la oscuridad, en ríos de canciones; flotaban,asomaban, se hundían, se alzaban en busca de aire, jadeaban, se tomaban el uno del otro como si estuviesen ahogándose, y giraban otra vez, con movimientos de abanico, con murmullos y suspiros al compás de Hermoso Ohio.
Cecy tarareó. Los labios de Ann se abrieron y salió música.—Sí, estoy rara —dijo Cecy.—No eres la misma —dijo Tom.—No, no esta noche.—No eres la Ann Leary que conozco.—No, de ningún modo, de ningún modo —murmuró Cecy, a kilómetros y kilómetros de distancia—. No, de ningún modo —dijeron los labios de Ann.—Tengo una sensación rarísima —dijo Tom.—¿Acerca de qué?—Acerca de ti. —Tom apoyó la mano en la espalda de Ann y la hizo bailar mirando la cara resplandeciente de la muchacha, buscando algo—. Tus ojos —dijo—, no puedo verlos realmente.—¿Me ves? —preguntó Cecy.—Una parte tuya está aquí, Ann, y otra parte no está. Tom la hizo girar cuidadosamente, perturbado.—Sí.—¿Por qué viniste conmigo?—Yo no quería venir —dijo Ann.—¿Por qué, entonces?—Algo me obligó.—¿Qué?—No sé. La voz de Ann era casi histérica.—Bueno, bueno, bueno —susurró Cecy—. Tranquila. Da vueltas, da vueltas. Murmuraron y susurraron y se alzaron y cayeron en la sala oscura, con la música que se movía y le hacía girar.—Pero has venido al baile —dijo Tom.—Sí —dijo Cecy. —Vamos. Y Tom la llevó bailando ligeramente hacia una puerta abierta y la hizo caminar en silencio alejándola de la sala y la música y la gente. Subieron al carro y se sentaron juntos.—Ann —dijo Tom, tomándole las manos, temblando—. Ann. —Pero dijo el nombre de ella come si no fuese su verdadero nombre. Se quedó mirando aquel rostropálido. Ann había abierto otra vez los ojos—. Yo te quise siempre, lo sabes —dijo.—Lo sé.—Pero tú fuiste siempre veleidosa, y yo no quería sufrir.—No tiene importancia, somos muy jóvenes.—No, quiero decir lo siento —dijo Cecy.—¿Qué quieres decir? Tom dejó caer las manos de Ann y
se endureció. La noche era cálida y el olor de la tierra subía estremeciéndose alrededor del carro, y el aliento de los árboles frescos empujaba las hojas unas contra otras con una sacudida y un susurro.—No sé —dijo Ann.—Oh, pero yo lo sé —dijo Cecy—. Eres alto, y el hombre más atractivo del mundo. Esta es una hermosa noche; recordaré siempre que he pasado esta noche contigo. Cecy extendió una mano fría y extraña hacia la mano temerosa de Tom, y la acercó y la apretó y calentó,—Pero —dijo Tom, parpadeando— esta noche estás aquí, estás allí. En un instante de un modo, y en el siguiente de otro. Yo quería traerte al baile esta noche en recuerdo de los viejos tiempos. No pensaba en nada al principio, cuando te lo pedí. Y luego, cuando estábamos junto al pozo, supe que en ti algo había cambiado, realmente. Estás distinta. Hay en ti algo nuevo y blando, algo ... —Tom buscó atientas la palabra—. No sé. No puedo decirlo. El modo cómo miras. Algo en tu voz. Y ahora sé que estoy enamorado de ti otra vez.—No —dijo Cecy—, de mí, demí.—Y temo estar enamorado de ti —dijo Tom—. Me harás daño otra vez. — Sí —dijo Ann.
No, no, ¡te quiero de veras! pensó Cecy. Ann, díselo, díselo por mí. Dile que lo quieres de veras. Ann no dijo nada. Tom se acercó suavemente un poco más y alzó la mano para tomarle la barbilla.—Me voy, Ann. Conseguí un trabajo a ciento cincuenta kilómetros de aquí. ¿Me extrañarás?—Sí —dijeron Ann y Cecy.—¿Puedo despedirme de ti con un beso entonces?—Sí —dijo Cecy antes que ningún otro pudiese hablar. Tom apoyó los labios en aquella extraña boca. Besó la extraña boca, temblando. Ann parecía una estatua blanca.—¡Ann! —dijo Cecy—. ¡Mueve tus brazos, abrázalo!
Ann era como una muñeca de madera a la luz de la luna. Tom la besó otra vez.—Te quiero —susurró Cecy—. Estoy aquí. Me ves a mí en los ojos de Ann, a mí. Y yo te quiero a pesar de ella. Tom se apartó y pareció un hombre que hubiese corrido una larga distancia.—No sé qué pasa —dijo—. Durante un momento ...—¿Sí? —preguntó Cecy.—Durante un momento pensé... —Se llevó las manos a los ojos—. No importa. ¿Te llevo ahora a tu casa?—Por favor —dijo Ann Leary. Tom le cloqueó al caballo, sacudió cansadamente las riendas, y el carro se alejó. Iban en las sacudidas y crujidos y movimientos del carro iluminado por la luna, enla todavía temprana —eran sólo las once - noche primaveral, y los campos brillantes y los suaves prados de trébol pasaban deslizándose. Y Cecy, mirando los campos y prados, pensaba: daría cualquier cosa, sí, lo daría todo por estar siempre con él desde esta noche. Y oyó otra vez la voz de sus padres, débilmente: "Cuidado. No querrás perder tus poderes mágicos, casándote con un simple mortal. Cuidado."Sí, sí, pensó Cecy, hasta a eso renunciaría, ahora mismo, si él me tuviese en cambio. No necesitaría entonces pasear en las noches de primavera, no necesitaría vivir en pájaros y perros y gatos y zorros. Sólo necesitaría estar con él. Sólo con él. Sólo conél.El camino pasaba debajo de ellos, suspirando.—Tom —dijo Ann al fin. Tom miraba fríamente el camino, el caballo, los árboles, el cielo, las estrellas.—¿Qué?—Si estás alguna vez en los años próximos, alguna vez, en Green Town, Illinois, a unos pocos kilómetros de aquí, ¿me harías un favor?—Quizás. Ann Leary habló con una voz vacilante y torpe:—¿Me harías el favor de ver a una amiga mía?—¿Por qué?—Es una buena amiga. Te he hablado de ella. Te daré su dirección. Un momento. —El carro se detuvo ante la casa de Ann y la muchacha sacó lápiz y papel de su pequeño bolso y escribió a la luz de la luna, apoyando el papel en la rodilla—.Toma. ¿Se lee bien? Tom miró el papel y asintió aturdido.—Cecy Elliot. Calle de los Alamos, 12. Green Town, Illinois —leyó.—¿La visitarás algún día? —Preguntó Ann.—Algún día —dijo Tom.—¿Me lo prometes?—¿Qué tiene que ver esto con nosotros? —gritó Tom furiosamente—. ¿Para qué quiero papeles y nombres? Apretó el papel y se metió la arrugada pelota en el bolsillo de la chaqueta.—¡Oh, por favor, promételo! —suplicó Cecy.—... promételo —dijo Ann.—¡Muy bien, muy bien, déjame en paz! —gritó Tom.Estoy cansada, pensó Cecy. No aguanto más. Tengo que ir a casa. Me siento débil. Mi poder sólo alcanza para pasar unas pocas horas como éstas, de noche, viajando, viajando. Pero antes de irme... —... antes de irme.... —dijo Ann .Besó a Tom en la boca.—Soy yo quien te besa —dijo Cecy. Tom se apartó y miró a Ann Leary, adentro, muy adentro. No dijo nada, pero se le ablandó la cara, lentamente, muy lentamente, y los rasgos se le desdibujaron, y la boca perdió su dureza, y miró otra vez el interior de aquel rostro bañado por la luna. Luego bajó a Ann del carro y sin siquiera unas buenas noches se alejó rápidamente camino abajo. Cecy dejó a Ann. La muchacha, gritando, como si saliese de una cárcel, corrió por el sendero lunar hacia su casa y cerró de un portazo. Cecy se demoró allí cerca unos instantes. En los ojos de un grillo vio el nocturno mundo primaveral. En los ojos de una rana se quedó un momento a solas junto a un estanque. En los ojos de un ave nocturna miró desde un olmo alto, hechizado por la luna, y vio cómo se apagaban las luces en dos granjas, una allí, y otra a un kilómetro. Pensó en sí misma, su familia, y sus extraños poderes, y en que nadie de su familia podía casarse con ninguna de las gentes de aquel vasto mundo, más allá de las colinas.—¿Tom? —Su mente cada vez más débil voló con un ave nocturna bajo los árbolesy sobre los campos de mostaza silvestre—. ¿Tienes todavía el papel, Tom?
¿Vendrás algún día, algún año, alguna vez, a verme? ¿Me conocerás entonces? ¿Me mirarás a la cara y recordarás entonces cuando me viste por última vez, y sabrás que me quieres como yo te quiero, de verdad y para siempre? Se detuvo en el fresco aire de la noche, a un millón de kilómetros de pueblos y gentes, sobre granjas y continentes y ríos y montañas.—¿Tom? —preguntó suavemente. Tom dormía. Era tarde; las ropas estaban colgadas en sillas, u ordenadamente plegadas a los pies de la cama. Y en una mano inmóvil, puesta con cuidado sobre la almohada blanca, junto a su rostro, había un trozo de papel escrito. Lentamente, lentamente, una fracción de centímetro cada vez, los dedos se fueron plegando y se cerraron sobre el papel. Y Tom ni siquiera se movió cuando un ave negra, débilmente, maravillosamente, aleteó con suavidad unos instantes contra los vidrios de la ventana, claros a la luz de la luna, y luego, abriendo en silencio las alas, se alejó volando hacia el este, sobre la tierra dormida.



lunes, 4 de junio de 2012

Los profes


Si bien yo soy profesora, esto resume cómo terminamos muchas veces. 

Los tiempos cambiaron, 
la sociedad cambió,
la tecnología cambió... 
Y a nosotros nos tocó cambiar.
Sin saber muy claramente cómo.
No siempre sabemos  dónde estamos parados
o qué se espera de nosotros.
Así que, como muestra la figura, 
A veces, en el año, 
comenzamos todos compuestitos, 
y antes de llegar a la final del año:
parecemos víctimas del huracán Katrina.